Dirección:
Hipólito Yrigoyen 1337, Vicente López, Buenos Aires, Argentina.

Los contenidos audiovisuales parlamentarios han tenido un nuevo capítulo para la reflexión y el análisis sobre qué, cómo, cuánto y dónde deben mostrar las cámaras respecto de lo que sucede en el marco de una asamblea legislativa, más allá de los puntos de vista ideológicos, comunicacionales e institucionales.
Menuda tarea la del switchermaster para seleccionar y priorizar una imagen sobre otra, incluso para establecer el ángulo del plano abierto o cerrado y realizar cortes en tiempo real, cuando se está transmitiendo en vivo y en directo un acto institucional de alto interés social y político.
El discurso de apertura de sesiones de la Honorable Cámara de Diputados de la República Argentina del presidente Javier Milei deja un puñado de interrogantes y debates en el ámbito comunicacional sobre cómo debería ser una transmisión institucional de un acontecimiento ordenado por la propia Constitución Nacional.
Está claramente establecido que toda asamblea legislativa tiene un orden prefijado. Su conducción está en manos de la vicepresidenta de la Nación, quien da y otorga la palabra, habilitando los micrófonos para la alocución correspondiente. En el marco de ese orden lógico, las imágenes deben acompañar y estar puestas en el orador.
Dicho esto, las imágenes —bien sabemos— hablan más que mil palabras. Un paneo sobre uno de los sectores que se encuentre vacío o sobre participantes que estén desatendidos de lo que sucede, ocupados en sus celulares o levantándose para abandonar el recinto; así como también personas aplaudiendo fervorosamente y poniéndose de pie para alentar tramos del discurso, remarcan el interés y el valor de lo que allí sucede.
Ese juego de cámaras nunca es inocente. Existe un discurso debajo del otro discurso que incluye gestos, movimientos, paneos, luces, sombras, omisiones, ocultamientos y demás efectos. En la construcción de la narrativa resulta tan importante el discurso literal —que quedará en la versión taquigráfica— como aquel otro que retendremos para siempre en nuestras retinas y oídos.
La novedad en esta ocasión es que el presidente dedicó parte de su alocución a contestar planteos y acusaciones que se le hacían desde el sector opositor, a los que los televidentes no teníamos acceso, ya que eran gritos que se sucedían en el recinto pero que no eran captados por los micrófonos y mucho menos por las imágenes de quienes interrumpían el relato presidencial, sacándolo del eje discursivo y llevándolo a manifestaciones exacerbadas e inapropiadas para su rol presidencial.
Otra particularidad del discurso presidencial fue agradecer sus logros a diferentes ministros y funcionarios, a quienes dedicaba parte de su alocución y que, en algunos casos —como en el de la ex ministra de Seguridad Patricia Bullrich— incluyó un abrazo muy afectuoso en pleno discurso. Es justo mencionar que esta acción de poner en pantalla a los protagonistas del accionar del gobierno es una práctica ya muy desarrollada desde otras gestiones de gobiernos anteriores, incluso de otros signos políticos.
Los contenidos audiovisuales también dan lugar a sobredimensionar algunos llamados de atención. Resultó muy paradigmática una imagen angular donde presidente y vicepresidenta se ven en un solo plano, justo cuando el jefe de Estado mencionaba algunos intentos desestabilizadores de propios y ajenos. En otros momentos, más propios de una barricada de campaña que de un informe sobre la situación del estado de la nación, al acusar a la oposición de corrupta y delincuente se invitaba a que la imagen mostrara a un sector que, atónito, escuchaba sentado en sus bancas, mientras el oficialismo se ponía de pie para aplaudir al grito de “presidente, presidente”, como si se estuviera ante un pugilato.
En Argentina, el torneo de fútbol de primera división —el deporte más popular y significativo de la vida social del país— tiene desde hace más de diez años prohibida la presencia en las tribunas de la hinchada visitante. Haciendo una analogía, el inicio de sesiones ordinarias del Congreso Nacional fue un acto al que solo asistieron algunos jugadores de la oposición, que claramente jugaron de visitantes, y así lo hizo ver la transmisión oficial de uno de los acontecimientos políticos más significativos de nuestro sistema democrático, que en teoría debería llamar a la reconciliación, el diálogo y la construcción de un debate constructivo.
Resulta indispensable reflexionar sobre qué construcción de la narrativa audiovisual se está dando desde las instituciones democráticas, utilizada como un arma comunicacional formidable que se replica y viraliza por múltiples medios y formatos. Es importante destacar que una sociedad tiene diversidades de representación política que no pueden ser censuradas u ocultadas de forma deliberada. Porque, como bien dice el saber popular: “si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia; quien quiera oír, que oiga.”
